Testimonials

Greetings from Pennsylvania!  I cannot tell you how wonderful it was to view this e-mail first thing on Wed. morning as I was sitting behind my desk with the thoughts of the endless work for the day ahead of me!  It was hard to believe that just 24 hours earlier I was on the beautiful, warm beach practicing yoga with my new friend.  When we returned home it was cold and there was snow on the ground!  I want to thank you for the new perspective on my life and the lives of those that surround me.  I am reading your book and it is helping me see life in a very different way.  While I hope to incorporate these practices into my daily life, it is very hard to make changes when your life is always buzzing around you, but I will certainly try!  Little by little.  I will think of you often when I reflect on our peaceful time in Punta Cana.
Endless blessings to you,
Lori Smith

Lori Smith

"Great awareness of the body!"

Dale Jensen

Hola Sandra,
Como estas? I've just gotten back to Canada and already miss the beautiful sounds of the ocean waves. I wanted to thank you for that insightful yoga class on Thursday and wish you all the best in life.
Thanks a lot Sandra!
Pura vida and hope to cross paths with you again someday. xx
Linda

Linda

Carta a mi papa fallecido

Me doy cuenta que a veces,

a menudo,

en demasiadas ocasiones,

mi corazón va donde mi voz no llega

Papa,

Me acuerdo de tus manos, de cómo te movías, de tu silla favorita, de tu manera de caminar. Te fuiste sin haber sido capaz de acercarme a ti. Todo esta vida te extrañé, y ahora que ya no estás es cuando te siento más cerca que nunca.

En primer lugar necesito soltar mi enfado contigo para poder abrazarte libremente. No comprendo tu vida, papá. ¿Por qué decidiste sufrir tanto? ¿Qué te aportó ese agudo sufrimiento? Durante tu adolescencia, fumaste tantos paquetes al día que te causó vivir con cáncer de pulmón los últimos 20 años de tu vida.

Trabajaste en la obra bajo las peores circunstancias, ya sé que en aquellos tiempos había poco trabajo y quisiste sacar tu familia adelante, pero decidiste trabajar de peón durante 30 años para ese hombre lleno de ego, aun sabiendo que construiste tu propia casa de dos pisos. Tu capacidad era mucho mayor, todos, incluso tu jefe, lo sabíamos, ¿por qué tu no lo pudiste ver? ¿Por qué ser víctima si pudiste vivir más sano, ligero y libre? Año tras año, tuvimos que ver cómo tu ánimo positivo se fue apagando cada vez más, y cómo el rencor se asentó en tu corazón. Únicamente tú comprendes el por qué de tu vida. Dicen que escogemos nuestra familia, nuestra vida antes de nacer, entonces debo aceptar la tuya en su totalidad. Te extraño hoy, te extrañé ayer; me cansé de extrañarte, te quiero y quiero sentirme cerca a ti.

Te acuerdas que te comenté acerca de un gallo que me despertó cada día a las 4 de la madrugada, te pedí consejos de cómo podía soportar o matar a ese animal, y me dijiste que “acéptalo, el sonido que produce el gallo forma parte de la naturaleza, escúchalo como una totalidad, y sigue descansando.”

La penúltima vez que estuve en casa contigo, te quité unos calcetines de montaña. Se convirtieron en mis calcetas favoritas por su tacto suave y su comodidad cuando trabajé 8 horas en la montaña con mis botas.

Esta mañana hace fresco, y las llevo puesto, en honor a ti, en gratitud por todo aquello que estuvo presente como esencia dentro de nuestros momentos juntos, en honor a aquello que no pude decir, ni expresar.

La luz del la mañana ya entra en la casa, mañana doy mi clase de yoga a las 8 aquí en Tulum, sigo fiel llevando a cabo mi trabajo como shaman; tu nieta es feliz con sus amistades; y creo haber encontrado un hombre especial en mi vida. La vida sigue su transcurso. Sé que físicamente no te volveré a ver ni tengo ya la oportunidad de abrazarte, pero tengo la madurez de saber que tu alma tiene unión con la mía, y si logro atravesar lo visible, sé que aquí estás. Siempre quise que estuvieras orgullosa de mi, hoy te pido no que veas mis logros, sino que me aceptes como tu amiga, tu compañera de confianza. Bebo en este instante el agua del manantial de la poza de Quetzalcóatl, en honor a tu existencia. Pido con este acto a Dios de aguardarte bajo su Luz, acogerte en su Nido, que seas el ave majestuoso que siempre albergaste en tu interior. Vuela libre papá, te lo has ganado.

Gracias por haberme elegido como tu hija en esta vida.

Estoy contigo, Sandra.

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